viernes, 21 de agosto de 2009
viernes, 10 de julio de 2009
TODA HISTORIA TIENE UN PRINCIPIO
Lunargenta, igual que Ventormenta, Forjaz y la capital de Lordaeron, celebraba aquellos días con desfiles la victoria sobre los orcos en la segunda guerra de Azeroth y la expulsión de Ner'zull y sus huestes a traves del portal oscuro, así como la clausura de dicho portal. Los festejos duraban desde el alba hasta bien entrada la noche, en la que la bella ciudad, alumbrada con la magia del pozo del sol, resplandecía llena de felicidad. Podía decirse que los elfos gozaban de todos los placeres de la vida, hasta los enseres domésticos se movían por su cuenta para hacerles la vida más cómoda.
Zephiros Stormbright era un niño elfo de 20 años, que todavía estaba creciendo y que tiraba con ilusión de la mano de su madre, Ilhora, que todavía sostenía en brazos a su hermano pequeño Hariador. El por qué era sencillo, los paladines de la mano de plata con Lord Uther al frente estaban desfilando por las calles de la ciudad, las armaduras brillantes y engalanadas y el majestuoso porte de aquellos valientes que volvían de la guerra rivalizaban con la imponente capital de Quel' Thalas. El pequeño niño elfo soñaba con llegar algún día a ser como aquellos valientes elegidos de la luz, y sus ojos brillaban con la ilusión de la infancia. Otro brillo distinto tenían los ojos de su madre, que había empezado a beber del pozo del sol, y la magia circulaba por sus venas, dejando escapar un tenue fulgor azul por los ojos. Los demás adultos tenían la misma mirada, ojos y piel resplandecientes con el suministro inagotable de maná. Zephiros en cambio solo tenía ojos y oídos para las gestas épicas de los paladines de la justicia, a pesar de que sus padres insistían en que se adiestrara en las artes arcanas. "Es mucho mejor aprender magia, que nos hace la vida más cómoda, o si te tira la naturaleza puedes hacerte explorador, ya que los elfos estamos bien dotados para ello, en cambio como paladín solo conseguirás morir joven" "Deja el estudio de la magia para mi hermano, papá, que ya está recibiendo maná desde que nació a través de la leche materna, yo quiero vivir aventuras que den prestigio y honor a nuestra familia, y llegar a ser como Lord Uther"
Zephiros solía escaparse a los bosques de la canción eterna a practicar con la espada. Pronto la pequeña espada de madera empezó a ganar peso y fué sustituída por una de metal mientras el niño fué pasando a adolescente en los siguientes 10 años. Los elfos de su edad le miraban con extrañeza mientras hacían levitar gemas y transformaban ratas en pollos, alguno de ellos no podía ocultar que se había colado en Quel'danas para beber a escondidas del pozo, pero Zephiros seguía haciendo sus florituras con la espada, emulando a sus heroes de leyenda. Cuando por fin fue mayor de edad, ya había conseguido hacer algun conjuro de curación por su cuenta, y le invitaron a beber del pozo. Cuando recibió el poder del maná corriendo por sus venas le sobrecogió, sintió el extasis del poder ilimitado, pero solo necesitaba una parte para cumplir sus sueños. Con el maná al alcance de sus dedos, sus estudios sobre la luz progresaron muchísimo, y fue aceptado años despues como aprendiz de paladín por uno de los miembros de la mano de plata, residente en Lunargenta. Pero justo entonces la guerra asoló Azeroth de nuevo, y su maestro partió hacia el frente para no volver, los no muertos se extendían por todo el continente, y llegaron cruzando las montañas hasta Zul'aman. Los astutos trolls se dieron cuenta de que no estaban en el punto de mira de las maquinas de asedio del azote y tras aprovisionar su fortaleza sellaron la entrada contra cualquiera que proviniera del exterior, de esta manera podrían aguantar años indiferentes a la guerra y con suerte los no muertos acabarían con sus odiados enemigos los elfos. El Azote creó el asentamiento que sería conocido años despues como Deatholme y desde allí con el príncipe caído a la cabeza iniciaron el ataque a Lunargenta. Su objetivo estaba claro, usarían el poder bruto de las aguas del pozo para devolver a la vida al nigromante Kel'thuzad, y aplastarían cualquier resistencia por el camino.
Desgraciadamente los elfos cayeron ante el embite de un enemigo que no se cansaba ni sentía dolor, y cuando Arthas le arrebató el alma a la jefa de los vigilantes del bosque, Sylvanas Windrunner, la batalla se precipitó a su fin. Zephiros tuvo que ocultarse con su familia para protegerles de la amenaza, mientras su padre acudía una batalla perdida, él protegió a su madre y a su hermano, y con su pequeña espada de entrenamiento abatió a dos necrófagos que llegaron hasta su pequeño refugio en la isla caminante del sol.
Con el pozo del sol roto, los elfos empezaron a sufrir una extraña dolencia, eran mareos y un sentimiento de debilidad, y de una gran limitación cuando trataban de usar sus poderes. Ese sentimiento, que se calmaba momentaneamente cuando bebían algún líquido, empezó a ser conocido como "la sed". El príncipe Kael'thas caminante del sol hizo un grave descubrimiento, la sed se debía a que los elfos se habían vuelto adictos al maná. Tras investigar manuscritos que el anciano Khadgar había dejado atrás cuando por segunda vez se había internado en el portal oscuro, hablaban del vacío abisal, un éter que llenaba los abismos de Terrallende, y que era rico en maná. Kael'thas envió soldados a las tierras devastadas, y estos volvieron con un descubrimiento: los cristales que componían los cuerpos de los soldados infernales de la legión estaban hechos principalmente de energía cristalizada, y volvieron con un gran cargamento. Kael'thas compartió este conocimiento con los dirigentes de la Alianza, pero algunos de los generales aliados deseosos de echarle el guante a tal poder, traicionaron a los elfos y les robaron los cristales. Kael al ver la traición de los humanos cortó toda relación diplomática con la alianza y fue a negociar un pacto con el joven jefe de guerra de la Horda, Thrall
Años después, cuando la antaño bella ciudad se empezaba a reconstruir, a pesar de seguir partida en dos por una marca negra y estéril que atravesaba el bosque entero desde Deatholme en las tierras fantasmas, los antaño nobles elfos se habían vuelto desconfiados y taimados, ninguno se daba cuenta o quería aceptarlo, pero los dijes y amuletos hechos con los cristales ardientes que cada elfo portaba para saciar su sed de maná desprendían energía demoníaca, que empañaba los antaño limpios y puros corazones de los elfos, y los ojos, que antes emanaban llamas azules ahora desprendían un brillo verdoso. Sin embargo había uno que no había llegado a abusar del pozo del sol, uno que no había estirado sus dedos para absorber esa energía más de tres o cuatro veces, y aunque tambien sentía la necesidad de llevar encima un dije de cristal verde, casi siempre lo llevaba cubierto Ese era Zephiros, cuyo apellido había cambiado por tormenta de sangre por decision de su madre, la matriarca de la familia, antes de fallecer.
Zephiros ya estaba harto de estar inactivo sin hacer nada por detener la acometida de muertos vivientes que llegaban cada día a lunargenta siguiendo la cicatriz muerta, pulió su armadura, hizo un hatillo con sus útiles de herrería y afiló su espada ante la atenta mirada de su hermano.
- Dices que te has alistado en las fuerzas de la luz?
- Asi es Hariador, quiero hacer un uso justo del mana y no usarlo solo en mi propio beneficio
- Sabes que todos los miembros estan intentando retener la avalancha de muertos vivientes de la cicatriz no?
-Asi es - comento Zephiros pausadamente-, ya es hora de desempeñar un papel en la lucha contra los muertos vivientes, y pienso hacerme famoso purgando esa maldita plaga.
Con estas palabras dejó a su hermano en casa, con sus libros de magia arcana, y partió. Hariador era un joven elfo con mucho talento para las artes arcanas, tal y como había predicho Zephiros de joven. La asiduidad con la que su madre acudía al pozo cuando todavía estaba en lactancia le había hecho muy afín al maná, y lo que es más, en el período de escasez y negación mágica que siguió a la guerra había sobrevivido a la adicción que había agotado el alma de Ilhora, y se había hecho más fuerte que ningun joven de su edad. Aún así, no estaba preparado para dejar atrás las comodidades de Lunargenta. Sin embargo no tardaría en oírse el nombre de Hariador Tormenta de Sangre en ambos continentes
Zephiros entró a las tierras fantasmas con decisión de devolver todos los huesos a sus tumbas, cuando descubrió un espectáculo grotesco: allí había muertos vivientes paseandose por las calles de tranquilien, sin embargo estos no muertos no se comportaban como los que llegaban a lunargenta, aquí y allá vió gentes comerciando, artesanos trabajando, amas de casa dando de comer comida de verdad al ganado, que a pesar de no ser rollizo precisamente no tenía pinta de muerto. Zephiros se repuso del trauma inicial pero corrió hacia el gentío lanzando un chorro de energía sagrada contra el primero que se hallaba en su camino. El anciano putrefacto se encogió agarrandose el estómago y se desplomó al suelo, pero los demás lejos de atacarle, para lo cual estaba más que preparado, levantaron las manos en señal de paz y le pidieron que se detuviera. Zephiros se quedó helado "No muertos... ¿Hablando?"
Las gentes de Tranquilien le explicaron que eran parte de los olvidados, almas que habían vuelto a sus cuerpos en no-vida y se habían liberado de las ataduras del Azote. Zephiros no daba crédito a lo que oía hasta que vió a un necrófago atacar a un niño no muerto que caminaba despistado por el linde del bosque, y antes de que pudiera reaccionar, fue abatido por un exorcismo que venía de otro no muerto con vestiduras de sacerdote. Entonces creyó, y desde allí hizo numerosas incursiones a Muertehogar diezmando a los necrófagos de la zona.
Cuando las tierras fantasma estaban más tranquilas, siguiendo los consejos del alcalde de Tranquilien volvió a Lunargenta y utilizó un antiguo artilugio guardado en la corte del sol para trasladarse a Lordaeron. Una vez allí, en las ruinas de la antigua ciudadela, se internó en las catacumbas contaminadas para ponerse en contacto con los líderes de los olvidados. Allí volvió a encontrarse con Lady Sylvanas Windrunner, que había sido amiga de su familia en vida, aunque tardó en reconocerle. La altiva y orgullosa mujer elfa seguía teniendo su antiguo porte en su cuerpo etéreo, aunque en su no vida se había endurecido su carácter, y ennegrecido su corazón. Aun así, demostró que era la líder perfecta para los olvidados, pues la añoranza de su vida anterior le había vuelto más rencorosa hacia el Azote que cualquier olvidado, y Zephiros estuvo unos días allí aceptando algunos encargos, hasta que por consejo de la propia Sylvanas viajó hasta Kalimdor, para seguir puliendo sus destrezas mientras ponía su espada al servicio del más alto dirigente de la horda: Thrall.
Zephiros se sorprendió nuevamente al conocer a los orcos: eran completamente diferentes de lo que le habían contado de niño cuando escuchaba con pasión los relatos de los valientes soldados aliados que habian diezmado a la Horda. Tuvo que reconocer honor en el corazón del joven jefe de guerra, así como en las gentes de Orgrimmar. Tambien alli vivian elfos de sangre, como se había proclamado su raza tras la traición humana, en referencia a la venganza que ansiaban, y Zephiros obedeció las ordenes de sus rangos superiores, aunque veía con más interés las peticiones del joven jefe orco, pues parecían más honorables a sus ojos que los encargos de asesinato que normalmente los "paladines" elfos de sangre le encargaban. Su "amistad "con el jefe orco y su renombre que iba en aumento hizo que los orcos le pusieran el sobrenombre "colmillo de Fenris", en referencia a un espíritu de la guerra que ellos veneraban. A Zephiros le hizo gracia el nombre, y lo aceptó como suyo, era irónico, un paladín elfo siendo más reconocido por los orcos que por los propios paladines elfos, y encontrando más nobleza en las humildes peticiones del joven jefe que en las misiones sagradas que le encomendaban los rangos superiores de su orden, los caballeros de sangre.
La última de estas "misiones sagradas" hzo que el joven paladín se cuestionara de verdad la ética de su gente
- Uno de nuestros embajadores ha sido atacado por un grupo de Gnolls cerca de El cruce, llevaba una valija con documentos de gran valor. Hermano, es vital que recuperes los documentos de la valija, es vital que sean entregados a Thrall.
- ¿y el embajador?
- A ese inepto mas le vale estar muerto, mira, si está vivo lo traes para que le demos un escarmiento, o lo matas, o haz lo que quieras con él
"Pfff, por supuesto que no le voy a matar, es más, le avisaré del destino que le espera si se vuelve a mezclar con nuestra gente" pensaba Zephiros mientras se deslizaba como un gato por los lindes del campamento Gnoll. La armadura era ligera, hecha por él mismo, y todavía era tosca y dejaba algunos puntos al descubierto, pero se ajustaba perfectamente a su cuerpo y no hacía apenas ruido mientras el paladín se arrastraba entre la maleza. Las misiones de infiltración eran ideales para el ágil elfo, que podía pasar del acecho al ataque en segundos. Sin que los Gnolls se dieran cuenta consagró la zona entera, "me encanta este conjuro, cualquier ser vivo que se muestre hostil hacia mi sufre daño" Divisó al embajador herido y encerrado en una jaula de madera, y se colocó con el viento a favor de manera que los Gnolls detectaran su olor. La estratagema tuvo efecto, pues curiosos los Gnolls abandonaron sus puestos para buscar al intruso. A pesar de todo consiguió sorprenderles al abandonar su escondite, y la batalla contra ellos apenas duró. En un par de minutos había más de una docena de Gnolls muertos a sus pies, y la sangre manchaba su espada y su escudo. De un solo golpe de espada la jaula se deshizo, y Zephiros se dirigió al diplomático:
- Saludos, mi nombre es Zephiros tormenta de sangre, desde Orgrimmar me han encomendado su rescate y la custodia de su valija
-Muchas gracias hermano, liberame para que podamos escapar de aquí, la valija está a salvo, los gnolls no estaban interesados en política, solo en comerme.- Alzó las manos atadas y el paladín cortó las cuerdas sin esfuerzo, y se volvió para otear en busca de posibles peligros.
Pero nada más darle la espalda al otro elfo sintió como una cuchillada la succión de maná que le arrebataba la fuerza. Zephiros instintivamente se volvió y acuchilló como un relámpago la fuente de su dolor, que resultó ser el propio embajador. Zephiros no daba crédito a sus ojos, allí estaba, traicionado por uno de su propia especie al que acababa de salvar y que yacía moribundo en el suelo con una sonrisa en la boca
-Idiota, por qué demonios lo has hecho? tan insoportable era la sed? mi intención era llevarte hasta el cruce y dejarte allí para que te buscaras la vida
-Ju... que inocente... no iba... a dejar.. que me.. castigaran...
Zephiros, rojo de ira, tomó de vuelta el maná que le había arrebatado junto con los ultimos restos de energía del moribundo, que expiró con cara de gratitud
- Maldita sea mi raza entera, tanto han sacrificado por la supervivencia?
Escupió al suelo mientras recogía el rollo lacrado con el sello de Lunargenta. Al darse la vuelta vío a un enano que lo miraba fríamente a través de su yelmo montado en un elekk. El enano y el paladín se miraron largo y tendido e intercambiaron bravatas, las dos razas nunca se habían llevado especialmente bien, ni siquiera cuando eran aliados entre la segunda y la tercera guerra. Zephiros preparó sus conjuros defensivos, pero el enano había presenciado y evaluado su combate contra los gnolls, y se mantenía a distancia prudencial, tras un buen rato el combate parecía que se iba a prolongar horas, y Zephiros estaba gastando demasiado maná en curarse, mientras el enemigo se bebía una poción curativa cada dos por tres, parecía no tener límite. El paladín empezaba a ver dudosa su victoria, al menos sin extraer poder de aquel maldito cristal que tanto estaba cambiando a su raza, cuando ambos fueron atacados. Un ogro que portaba un blasón desconocido les atacó con cinco sicarios, mofandose de que les hubieran puesto las cosas tan fáciles. Zephiros se vió perdido entre dos frentes, cuando el enano cambió claramente de objetivo, lanzó sus hachas contra dos de los sicarios partiendoles la cabeza como si fueran melones, y cargó contra el ogro esgrimiendo un enorme hacha a dos manos que portaba en la espalda. El paladín usó la poca magia que le quedaba para atontar a dos de los sicarios y destripó al tercero en dos golpes de espada, luego los otros cayeron como dos arboles talados. Casi sin resuello estaba allí el enano con su hacha en la mano, apenas con heridas superficiales mientras el enorme ogro que le triplicaba en tamaño yacía partido en dos junto a otro sicario, que iba embozado y no llevaba armadura, y que se estaba desangrando en el suelo
-Gilipollas ogro... has caído como un imbécil, esto me interesa.- dijo arrancandole el amuleto al ogro
-¿Debo entender que has montado esta farsa para ponerle cebo al ogro? -dijo el paladín mientras el enano se sentaba a comer, y él hizo lo mismo
-Sí y no, sabía que un grupo de asaltantes estaban robando y matando gente por estas tierras, normalmente aprovechándose de los conflictos y de los heridos, contaba con que después del jaleo que habías armado estarían cerca, y si no siempre podría averigüar que traía a dos elfos de sangre tan lejos de Lunargenta- dijo señalando al diplomático muerto y a la valija.
- Ya veo. ya que hemos sido adversarios y camaradas de armas aunque sea por un momento, ¿puedo saber tu nombre?
- Puño de Hierro Khurgan. y tu eres....? dijo el enano sin mucho interés
-Zephiros, Colmillo de Fenris. contestó el elfo mientras acababan de comer
-Un placer. Ahora vamos a acabar lo nuestro. dijo el guerrero levantandose y cogiendo su hacha
-¿despues de haberte aliado conmigo quieres volver a luchar contra mí? dijo el paladín incrédulo. no entendía la ética del enano
-Lo siento por tí, pero no me gusta dejar nada a medias y despues de verte luchar contra los sicarios me ha picado la curiosidad de ver quien es más fuerte de los dos
-Je, jodidos enanos cabezotas.- contestó levantandose despacio
Zephiros todavía no había sentado la comida ni recuperado todo su maná, y decidió ganar un poco de tiempo.
-Bonito adorno, no lo llevabas antes.- dijo señalando una pluma que asomaba de una juntura en la armadura del guerrero. Khurgan se arracó la pluma sin darle mayor importancia
-Ha sido ese pícaro, me ha querido distraer mientras luchaba con el ogro, pero le he clavado el mango del hacha y a lo mio.- dijo moviendo el cuello y crujiendo las vertebras cervicales.
Zephiros se volvió hacia el muerto, tenía un enorme agujero en el pecho del que ya casi no manaba sangre
-Oye que el mango de ese hacha no tiene punta
-No, pero cuando algo duro parte el hueso la carne se suele romper tambien.-dijo el enano.- ¿Vamos a estar de cháchara o le damos al turrón? No tengo todo el día elfo gay
-Y dale con lo de gay, no me van los enanos lo siento por tí.- dijo Zephiros cargando contra él.
El intercambio de golpes fué mas equilibrado esta vez, el enano se movía más despacio con un arma más pesada y era ligeramente más predecible, a pesar de todo Zephiros no encontraba un hueco por donde darle, al menos no sin quedar él mismo desprotegido. Las heridas del combate anterior contra el enano aunque curadas con magia le seguían doliendo y sabía que era un durísimo adversario a tener en cuenta. poco a poco el guerrero fue cediendo terreno, y Zephiros se dio cuenta de que sudaba febril. "veneno" se dijo. "este mentecato está luchando contra mí sabiendo que el dardo estaba envenenado"
El paladín no deseaba ganar de un modo tan deshonroso, y estaba a punto de rendirse cuando divisó a lo lejos el grueso de la manada Gnoll, incluyendo a los machos Alfa y Beta, más grandes y poderosos. Zephiros llamó la atención del enano, y cuando se daba la vuelta para combatir al nuevo enemigo, le lanzó un martillo de justicia que lo dejó inconsciente. Despues silbó a su fiel montura, el lobo Nanaki, que acudió galopando. Cargó al enano moribundo sobre el enorme Huargo y salieron corriendo hacia una cueva cercana.
Khurgan despertó en el suelo de la cueva, sin sudores ni fiebre. A un lado estaban sus armas y su armadura apiladas con cuidado. en la puerta de la cueva Zephiros empleaba vendas y débiles conjuros de curación para atender las heridas del gran lobo.
-¿Ya te sientes fuerte? he usado los poderes de la luz para sanar tu cuerpo y traerte de vuelta el alma.- Dijo Zephiros con calma mientras trabajaba.
Khurgan cogió su hacha y la esgrimió contra el elfo.
-coge tu espada, ahora sí que estamos igual.
-¿igual?- Zephiros se levantó lleno de heridas. había empleado todo su maná en curarle a él y al lobo antes que en curarse a sí mismo.- ¿igual? no me hagas reir. Si quieres matarme hoy vas a tener que hacerlo conmigo desarmado, no estoy de humor para seguir peleando por orgullo.- Señaló la parte exterior, cubierta de cadáveres. Los Gnolls habían encontrado su fin a colmillo y espada
-¡Maldita sea, me he tenido que picar con el elfo mas Gay de todos los elfos Gays! dijo el enano furioso.
-Ponte tu armadura y no te dejes nada aquí, y dile a tu gente que todavía existen elfos con Honor entre los Sin'dorei.- dijo Zephiros, y se montó en su lobo, ya curado y salió al galope.
El enano llamó a su montura y se ciñó la armadura mientras oía sus patazas venir por la sabana de los baldíos. "Zephiros eh? no olvidaré ese nombre, jeje debe ser la primera vez que un elfo gay me cae bien"
Zephiros estaba agotado y se durmió a lomos de Nanaki mientras el lobo galopaba por los baldíos, el animal se dió cuenta de ello y disminuyó la marcha para hacer el camino más cómodo, pero no se detuvo, conocía muy bien su destino. Por senderos poco transitados llevó al maltrecho elfo hacia Orgrimmar evitando combates. con un gruñido suave y una sacudida de la cabeza despertó a Zephiros cuando ya se divisaba la capital orca. El elfo hizo parar al gran lobo, sacó su cantimplora y compartió con el animal el agua que le quedaba. Tras saciarse la sed se quitó las vendas y curó con magia sus propias heridas. despues echó un vistazo a las de Nanaki, que ya estaba completamente repuesto y siguió camino de la ciudadela.
Thrall se encontraba discutiendo acaloradamente sobre los documentos de la valija con el maestro Pyreanor, el máximo representante de los caballeros de sangre en Orgrimmar
-Calmaos gran jefe Thrall, he asignado a un hombre de mi confianza para recuperar esos documentos, ya debe haberlos recuperado y sin duda en un par de días los tendremos aquí
-En un par de días... ¿habeis dicho? sonó una voz cansada mientras las puertas batientes se abrían. Zephiros se encontraba en el umbral, sosteniendo las puertas con la cabeza gacha. Los presentes se volvieron hacia el recien llegado. Zephiros venía cubierto de polvo y aún magullado, pero cuando las puertas se cerraron tras de él recobró el porte que solía lucir, que recordaba al de un miembro de la mano de plata. Avanzó con paso firme hacia el Jefe de guerra e hincando la rodilla le tendió la valija. Despues lanzó una mirada airada contra el maestro Pyreanor, y le dijo con voz grave, casi gutural:
-Es la última vez que os cumplo una mision de asesinato, buscaos a otro que os haga el trabajo sucio.
-Levanta, Colmillo de Fenris, tengo una cosilla que discutir contigo.- dijo Thrall. - Paseemos por la ciudad.
Zephiros se levantó y Thrall le echó un brazo por el hombro mientras salían del puesto de mando. mientras salía le echó una mirada de reojo a Pyreanor, que le daba una patada a la pared con expresión de furia contenida. Thrall le acompañó a traves del valle de la sabiduría mientras hablaban:
-Estoy orgulloso de tener a alguien como tú al servicio de la Horda, joven Zephiros, sin embargo, es un error faltarle al respeto a Pyreanor, pues todavia puede hacer muchas cosas por tí.
- Cada día que pasa me avergüenzo más del camino que ha tomado mi gente. Yo que me he destetado con historias sobre las guerras pasadas, en las que los orcos representaban el mal, con todo mi respeto por vuestra raza, gran jefe, y ahora resulta que entro en contacto con vos y me doy cuenta de que sois tan honorables como cualquier paladín que conozca, y mis hermanos por el contrario no lo son en absoluto. Me quema. Yo siempre he sido un hombre de acción y no de política
-Entonces te gustará lo que voy a proponerte. Voy a ser breve. Me he fijado en tí más que en cualquier guerrero cualificado, has cumplido misiones solo y en grupo por todo Durotar, Conoces a Sylvanas desde hace años, y tambien le has caído bien al jefe Cairne. Esto último es más importante de lo que crees, conozco a Cairne desde la guerra y tiene un don natural para ver dentro de los corazones de la gente. A pesar de lo amable que es, que hable bien de tí significa mucho. Esto te sitúa bien relacionado con todas las cabezas visibles de la Horda, podrías hacer buena carrera como diplomático, pero precisamente lo que quiero es que formes un grupo de élite, que se mantengan apartados de la política, pero que se entrenen duramente para futuras contingencias
Zephiros escuchaba en silencio las palabras del jefe, intentando averigüar a donde le llevaban.
- ¿Contingencias? ¿apartados de la política? ¿que quereis exactamente que haga, jefe Thrall?
- Para decirlo claro, quiero que hagas de paladín, por igual con cualquier persona que te necesite en Azeroth, da igual que sea orco, troll, tauren , enano, no muerto o humano, o de cualquier otra raza. Hay rumores de avistamientos de infernales por todo Azeroth y quiero que esteis en el momento y lugar oportunos para mandar a esos demonios al agujero del que nunca debieron salir. Y tambien está lo que queda del azote.
-Pero las hostilidades siguen, como voy a ayudar a alguien que me desprecia e incluso me odia?- contestó el paladín, pero en su mente ya se dibujaban las gestas de la mano de plata
- Por supuesto primero empieza con tu gente, y a medida que recorras Azeroth las ocasiones aparecerán solas. Esto es parte de un acercamiento diplomático que intentamos los líderes aliados, Cairne y yo, por 3ª o 4ª vez desde que combatimos juntos en la tercera guerra. Pero dificilmente podemos lograr nada desde nuestros puestos de mando si el pueblo no cree en ello. De todas las personas que podrían desempeñar la tarea, creo que tú eres el más indicado para dirigirlas. He pensado que la hermandad se llame los Colmillos de Fenris. ¿Aceptas mi propuesta?
Zephiros asintió e inmediatamente volvió a hincar la rodilla en el suelo ante el jefe, que le hizo señas de que no se quedara parado de esa guisa en mitad de la calle.
-Será para mí un honor y un privilegio, gran jefe Thrall. Vos decidme quienes deben estar en el grupo y yo les guiaré.
-MMh te dejo el reclutamiento de los miembros a tí, aunque he convocado a Orgrimmar a algunas de las personas que se empiezan a labrar una reputación en la Horda, y mañana habrá una reunión con todos ellos para explicarles el objetivo de tu grupo y que decidas entre los voluntarios. Zephiros se levantó. Descansa, apuesto a que has venido a verme directamente desde que te has bajado de tu montura, tienes mala cara.
Zephiros hizo una reverencia y dió un paso atrás, y Thrall saludó con la mano y volvió al puesto de mando, dejando al paladín tiempo para meditar. Tres pociones de maná despues dormía plácidamente en la posada.
A la mañana siguiente un paladín que temblaba de nervios e inseguridad cruzaba el valle de la sabiduría en dirección al puesto de mando. A la puerta había un montón de caras desconocidas de todos los rincones de Azeroth. Orcos y trolls, tauren y no muertos, y un grupo de elfos de sangre que charlaban animadamente se habían reunido ante la puerta. Zephiros cruzó el gentío tratando de no mirar a nadie a los ojos, aunque ya había comandado grupos de soldados orcos en alguna patrulla y había demostrado sus dotes de liderazgo, esta vez tenía la impresión de haber mordido más de lo que podía tragar.
Thrall salió con él a la puerta y juntos explicaron los objetivos de la nueva fuerza, pero al ver que no hablaban de ir a la caza indiscriminada de miembros de la Alianza, muchos dejaron la reunión en silencio, desilusionados. Thrall y Zephiros intercambiaron una mirada y ninguno habló de ganar reputación entre los humanos, pero sí que dejaron claro que los Colmillos de Fenris se mantendrían al margen de los enfrentamientos con la Alianza. Al final de la reunión unas 20 personas quedaban de pie asintiendo con la cabeza. Zephiros recorrió las caras una a una mientras cogían las solicitudes para unirse a la hermandad, y se quedó mudo al ver a un elfo alto, de cabello oscuro y mirada llena de determinación, de cuyos ojos emanaba un potente brillo verde. Zephiros se quedó con la boca abierta.
-¡Hariador!!!
El joven elfo sonreía, y Zephiros bajó corriendo las escaleras para darle un abrazo a su hermano, pero una mirada dura de este lo detuvo, ya habría tiempo para felices reencuentros familiares en privado.
- ¿Cómo has acudido aquí de entre todo Azeroth?
- Fácil hermano, mis compañeros de viaje y yo llevamos cerca de un mes en Kalimdor, hemos hecho algun que otro trabajillo y hay gente que nos conoce y que nos ha dado la misiva para venir aquí
Zephiros estudió detenidamente a su hermano, parecía algo más maduro que él día que se habían separado, y con la capacidad de sentir el poder arcano propia de los elfos de sangre, notó de él un aura arcana muy potente, fácilmente podía ser el más poderoso de los presentes en ese momento
-Ajá. Bueno, ya has oído el discurso, así que te habrás formado una opinión. ¿Cuento contigo?
-Dímelo tú. ¿Estoy dentro?
-Claro. Presentame a tus amigos, me encantará conocerlos. Dame tu ficha, la guardaré y le pondré un sello en cuanto lo tenga.
Un no muerto y otro elfo de sangre dieron unos pasos hacia ellos, tendiendole las solicitudes ya llenas al paladín
-Melon, hmm bonito nombre, es amigo en élfico, pero se escribe con dos eles. - Puntualizó Zephiros
-Nah, no lo he escrito mal, es que me gusta más así, se pronuncia con más fuerza.- le cortó secamente un elfo joven, de tipo nervioso, que llevaba un arco colgado del hombro y un hacha a la espalda. "un forestal, cazador tal vez" pensó Zephiros. Por la mirada que le dirigió Hariador, supo que había tocado una fibra sensible en su hermano
- Es un honor conocerte, considerate miembro de la hermandad desde hoy, y mi compañero. -añadió Zephiros. - Y tu eres....-
-Dante.- dijo una voz grave de ultratumba, mientras el no muerto le tendió la mano.
Zephiros se la estrechó con decisión, y notó el poder arcano contenido bajo la reseca piel. "Humm no lo había notado hasta ahora pero es poderoso, y capaz de controlar su aura. Ahora dudo entre mi hermano y él" pensó mientras el no-muerto y los dos elfos le miraban, esperando su contestación.
-Encantado. Si estás interesado también será un honor. -el paladín le soltó la mano y cogió el documento.
-Si Hari y Melon entran yo tambien- le dijo el mago. -Incluso, aunque no quisieras- terminó la frase sonriendo
Zephiros les guiñó el ojo y se despidió de ellos con la mano mientras se volvió al resto de la gente. Un Tauren avanzó con paso decidido hacia él e hincó la rodilla en el suelo.
-Mi nombre es Wolvar, maese Zephiros, he sido enviado por Cairne a la reunion para informar a mi gente, si lo que habeis dicho es cierto estoy interesado en unirme a vos y pronto se nos unirán algunos de mis hermanos.
Zephiros examinó los ojos del Tauren que quedaban casi a su altura a pesar de estar éste rodilla en tierra. Los serenos ojos castaños del tauren parecían de cristal oscuro y vio en ellos sinceridad y lealtad. El paladín le tendió la mano al tauren y tiró de él hacia arriba para que se incorporara.
-Estás dentro. Por favor vuelve a Cima del Trueno e informa a tu gente de lo que has visto y oído hoy. - El joven tauren asintió con la cabeza y con gesto de concentración se encogió sobre sí mismo perdiendo consistencia y tomando la forma de un pequeño espíritu lobo, que salió del lugar trotando.
A espaldas de Zephiros se oyeron pasos apresurados. Una joven llegaba corriendo casi sin resuello, con la armadura de malla tintineando y una espada ligera ceñida al cinto golpeteando contra el muslo. Los demás se volvieron hacia ella. La joven elfa se paró ante el grupo, sujetandose las rodillas e intentando recuperar el aliento
-Alguien.. Alguien me puede decir donde puedo ver al paladín Zephiros tormenta de Sangre? se suponía que estaría hoy aquí, pero llego con retraso.
Zephiros avanzó hacia ella, examinandola detenidamente. La chica levantó la mirada y sus ojos se cruzaron, el primer pensamiento de Zephiros al ver sus ojos verdes fue (otra adicta al maná de esos malditos cristales) pero al mirarlos de cerca vio que eran de ese color, y el brillo debido al maná era más leve. La muchacha se sonrojó.
- Soy yo.- dijo el paladín.- Y tú eres.....
-Ryanna.- contestó la joven.- Soy aprendiza de paladín, pero no estoy de acuerdo con los métodos de nuestra gente, y he oído hablar de vos. Si no os es molestia, ¿podríais tomarme bajo vuestra tutela y enseñarme a ser una paladina competente? Mi deseo es librar algún día lunargenta de la amenaza de los no muertos de las tierras fantasma
- Ahora mismo no tengo demasiado tiempo disponible, pero si te quedas a vivir en Orgrimmar prometo dedicarte todo el que pueda a instruirte en el manejo de la espada y a servir al poder de la luz como tal poder merece.
La joven sonrió con calidez, se inclinó ante Zephiros y se puso firme saludando como un soldado
- Prometo que no os arrepentireis maestro. Seré una buena aprendiza y os obedeceré en todo
- Pues empieza por relajarte, y ya que estás podrías llamarme Zeph, como hacen mi hermano y sus compañeros. Instalate en la ciudad, y volveremos a vernos más tarde.
Ryanna dejó caer los hombros y volvió a inclinarse, y dando unos pasos atrás se quedó mirándole desde fuera del gentío con cara de admiración. Hariador esbozó media sonrisa al verla. "Damisela, si conozco bien a mi hermano no se va a enterar a menos que te le declares directamente" pensó para sí.
El gentío se empezaba a disolver, y Zephiros vio otra cara conocida que le miraba con gesto solemne y aguardaba su turno en silencio. Era un viejo compañero de academia, el único que había optado por ser paladín como él. Zephiros se rió para sí mismo, avanzó hacia él con las piernas tiesas y le tendió la mano solemnemente, firme como un palo. El otro paladín se rió al verle y tomó una actitud mas relajada mientras le estrechaba la mano
-Largo tiempo sin vernos Frosmaker. Hé oído alguna noticia de tí ultimamente, pero me alegro de verte en persona por fin
-Lo mismo digo, Zeph, aunque en mi caso he oído hablar de tí bastante, muy bien y muy mal, depende de a quien preguntes jeje. Bueno, ¿cuentas conmigo pues? - le dijo tendiendole la solicitud llena.
-Trae aquí, me lo tengo que pensar.- Zephiros le cogió la solicitud de la mano con un gesto rápido, como si quisiera quitarsela, y los dos se rieron. -Anda, tira, hay una taberna cerca de la entrada de la ciudad, ve con mi hermano y sus compañeros allí y encargad una ronda a mi cuenta, me reuno con vosotros en un ratito
-Oído cocina, nos vemos allí hermano, espero que tengas buenos ahorros porque no me voy a detener en una jarra. -dijo Hariador detrás de él.
-Dile a Gryshka que ponga su mejor cerveza a enfriar, te prometo que no tardaré. -Contestó Zephiros riendo.
Algunos de los asistentes le dijeron a Zephiros que lo pensarían y se llevaron la solicitud a medio rellenar. El último de los presentes le tendió la solicitud rellena al paladín. Era un tauren enorme, quizá incluso entre los suyos, que tenía cicatrices por los brazos y una en la cara, al lado del ojo derecho. Tenía un cuerno roto y en algunas partes de los hombros le faltaba pelo. Solo con mirarle se podía ver que estaba muy curtido en batallas
-Zartax, eh?- Preguntó Zephiros. ¿Que puedes decirme de tí?
-Sí. - El tauren se quedó fijamente mirandole a los ojos. Tras una pausa, mientras el paladín empezaba a pensar que solo le había confirmado su nombre, volvió a hablar:
- Soy mercenario. Sé luchar. Conozco bien Kalimdor. ¿Necesitas saber más?
- Por ejemplo por qué deseas unirte a nosotros.
El tauren se rascó la cabeza, y habló de una forma más relajada.
- Pues... estoy un poco harto de ser un solitario, quiero formar parte de algo, tener camaradas... y me ha gustado lo que has dicho.
- Perfecto, vente conmigo a la taberna a ver si un par de cervezas sueltan esa lengua. quedas admitido.
Los dos se inclinaron ante Thrall y se pusieron en marcha, seguidos de cerca por la joven, algo intimidada por la presencia del tauren. Zephiros se volvió hacia ella.
-Primera lección Ryanna, un paladín no teme a nada, y no sigue a su maestro, le acompaña.
-Perdón Maest... Zeph...
-Ven con nosotros, la cerveza orca obra milagros en las lenguas trabadas, eso sí, procurad beberla muy fría, porque si no os puede quemar el gaznate
Minutos mas tarde, todos estaban alrededor de una mesa en la pequeña taberna charlando animadamente sobre sus viajes y contando batallitas entre jarra y jarra. Zephiros hizo sitio en el centro de la mesa y extendió un plano de Kalimdor. Todos lo miraron con curiosidad.
-Bien, como estamos todos los que habeis firmado la solicitud, que esta sea la primera reunión de los colmillos de Fenris. Hay algo que no se ha dicho en la asamblea de esta tarde y que debeis saber.- Los demás atendieron mientras Zeph iba señalando distintas zonas en el mapa.
- El jefe Thrall quiere de nosotros que no nos inmiscuyamos en temas políticos, y eso implica evitar conflictos con la Alianza. No sólo eso, nuestro objetivo será ganar reputación para la horda con las poblaciones neutrales, y tambien con las enemigas: por ejemplo si un granjero humano tiene problemas con ladrones de ganado podemos dejarnos ver por allí, matar a los ladrones y dejar el ganado libre en una zona cercana a la granja para que lo recojan. -Los demás se miraban unos a otros incrédulos.
-Para el carro Zeph, ¿Estás diciendo que seamos pacifistas con los alis?¿Y qué pasa si pegan ellos primero? - Interrumpió Hariador
- Si atacan se les devuelve el ataque con fuerza no letal.- Contestó el paladín con firmeza.- Que esto os quede claro, que evitemos los conflictos no quiere decir en ningún momento que espere cobardía o debilidad de vosotros. Prepararemos un blasón que todo el que lo vea lo pueda recordar, y lo portaremos con orgullo. Y si alguien es lo bastante tonto como para atacarnos se topará con los límites de su propia fuerza y estupidez. Lo que espero de vosotros en esos conflictos es que lucheis con honor, y ganeis, y eso tambien significa no matar a un enemigo cuando ya no puede luchar. Por supuesto que si se lucha a vida o muerte es mejor matar que morir, pero un enemigo que huya con éxito hablará con los suyos y ayudará a incrementar nuestro renombre. Thrall quiere que seamos un ejemplo para todo Azeroth, y para mí es cumplir mi sueño. Levantad vuestras jarras. Todos excepto Ryanna levantaron sus cervezas al unísono junto a Zeph.
-Jovencita, levanta tu jarra y preparate para vaciarla de un trago, si estás bajo mi tutela estás en los Colmillos.- Dijo Zeph, con la jarra en alto. La joven lo imitó muy colorada. - ¿Jurais servir a los ideales que han sido puestos sobre la mesa?
-¡Juramos! .- contestaron a coro
-Entonces desde hoy y hasta el instante en que desaparezcais de este mundo os nombro Colmillos de Fenris! ¡Bebamos por el nacimiento de nuestra hermandad!
Todos vaciaron su jarra de un trago largo. La joven Ryanna, al echar la cabeza hacia atras y beber su cerveza perdió totalmente la verticalidad y se desplomó sobre el tigre que estaba acostado en el suelo junto a Melon. El pobre animal gruñó con disgusto
-Jo, Zeph, como te pasas- dijo Hariador con una mueca mientras su hermano se inclinaba sobre la avergonzada muchacha para ayudarla a levantarse del suelo, y Melon le daba una chuleta a su mascota para apacigüarla.
-Algo tan solemne no se podía brindar con agua. -Contestó el paladín, mientras la joven perdía el equilibrio y se iba contra su pecho, poniéndose tan roja que echaba humo.- Además un paladín tiene que poder con todo.- sentenció en un tono gracioso, haciendo reir a todos.
Una semana despues Hariador estaba haciendo el petate junto a sus dos compañeros inseparables, bajo la mirada de su hermano.
-Que sí, Zeph, que me alegro de formar parte del grupo de élite de los Colmillos, pero comprenderás que la diplomacia no es lo mío. Con todos los respetos, gran jefe Thrall.- dijo girando la cabeza hacia el estrado donde se sentaba el gran jefe orco. Thrall rió.
-Jajaja, valor no les falta a tus hermanos de sangre, paladín.- dijo divertido.
-¿Estais seguros de que os bastais solos los tres? - preguntaba Zephiros con aire triste. - Si creeis que vais a tener problemas puedo acompañaros unos días con Ryanna para echaros una mano.
Hariador apoyó una mano contra el hombro de su hermano y le miró a los ojos solemnemente
-Zeph, Tanaris es una buena oportunidad para llevar a cabo los ideales que juramos, los poblados goblin intentan mantenerse neutrales entre los dos bandos y son atacados por montones de indeseables sin recibir ayuda de nadie.
Zephiros arqueó una ceja y dijo con aire irónico
-Hari, eso te lo he dicho yo hace tres horas de la misma manera que tú ahora, no me tomes el pelo. No quiero separarme tan pronto de mi hermano despues de tantos meses sin vernos, eso es todo
Hariador retiró la mano del hombro de su hermano y se desperezó, llevandose las manos a la nuca
- Ese es el problema Zeph, estoy orgulloso de ser hermano tuyo, pero si me paseo por donde te conocen no soy más que tu hermano, quiero labrar mi propio camino, y si no te espabilas tarde o temprano empezarán a conocerte como el hermano de Hariador Bloodstorm
- Muy bien, deja que al menos te acompañe hasta la puerta de Orgrimmar
Hariador puso los ojos en blanco y dijo "haz lo que quieras", pero cuando se dio la vuelta hacia sus compañeros estos vieron que sonreía de oreja a oreja. El grupo fue andando hasta la puerta, donde los guardias les miraban con admiración y murmuraban entre ellos. Cuando llegaron a la puerta se toparon con dos elfos desconocidos, que iban encapuchados con capas de viaje. El más voluminoso de los dos se dirigió hacia ellos.
- ¿Está vuestro líder entre vosotros? Estoy buscando a Zephiros Bloodstorm, de los colmillos de Fenris.
Zephiros avanzó unos pasos y les miró detenidamente
-Soy yo a quien buscas
El otro elfo se quitó la capa de viaje dejando al descubierto una cota de malla que llevaba embrazado un escudete y una cimitarra al cinto. Desenvainó y se puso el puño de la espada en el pecho, con la hoja hacia arriba.
-Mi nombre es Sturm Brightblade. Deseo retarte a duelo por el liderazgo de los Colmillos de Fenris.
Los Colmillos se miraron entre ellos, y Zephiros se quedó cruzado de brazos mirandole
-Ridículo. No apostaría mi hermandad a un duelo, y mucho menos con alguien que no está en ella aún.
El paladín no cambió su postura en absoluto
-De acuerdo a las leyes de Lunargenta, y tambien a las orcas tengo derecho a desafiar al lider de una organizacion para conseguir el liderazgo de esta. Un líder debe ser fuerte.
Zephiros le miró divertido, y desenvainó su mandoble de doble puño.
-Me recuerdas a cierto enano que conozco. Está bien, por mi honor debo aceptar el desafío.
Sturm sonrió. Mientras su acompañante se apartaba para dejarle sitio, y los colmillos hacían lo mismo, tomó postura marcial, y lo mísmo hizo Zephiros.
-Muy bien, ya que yo reto, te corresponde a tí decidir el fin del combate. ¿Qué deseas, a primera sangre?
-Espalda contra el suelo.- dijo Zephiros. Si lucho con intención de herirte y no tengo suficiente ventaja como para controlar el combate, podría provocarte una herida de gravedad.
-Muy bien, será al primero que derribe al contrario al suelo. Empecemos.
-Ryanna, será mejor que observes bien el duelo. Este combate promete y puede que aprendas una cosa o dos
Los dos contrincantes chocaron las espadas en señal de acuerdo para el inicio de duelo
Sturm demostró ser un joven muy habil en combate. Se movía muy rápido pese a llevar una cota de malla completa, y asestaba golpes en las junturas de la armadura de placas de Zephiros, que al llevar el doble de peso no podía competir con él en velocidad. Zephiros consagró la zona que le circundaba y el joven tosió sangre al pisar el suelo consagrado, pero aún así saltó por encima del paladín y girando sobre sí mismo en el aire atacó su espalda. El golpe impactó muy cerca de la nuca y Zephiros se quejó de dolor, pero usó el impulso de su propio giro al darse la vuelta para lanzar un potente golpe que impactó a Sturm en el pecho haciendole retroceder varios pasos hacia atrás. Sturm se llevó la mano al pecho, y Zephiros se dispuso para cargar, pero el joven consagró el area que le circundaba diciendo: donde las dan, las toman. Pero Zephiros abandonó la carga, y entró andando en el area consagrada sin sufrir daños hasta estar frente a frente con un sorprendido Sturm
-Aún te queda bastante que aprender.
Con un pie tras los talones del paladín, un leve empujón lo derribó al suelo. El Joven dejó la cimitarra en el suelo, y levantandose desarmado, dijo:
-Acepto mi derrota, no esperaba menos de Zephiros Bloodstorm despues de todo lo que he oído de tí. Te solicito humildemente que nos dejes entrar a tu cargo a mi hermano y a mí
Zephiros miró a sus compañeros, que se encogieron de hombros.
-Estás dentro. Eres un combatiente muy hábil, y necesitamos gente como tú si apruebas nuestros ideales. Presentame a tu hermano
El otro elfo se descubrió la cara y se acercó a ellos. Los dos eran jóvenes y atractivos, pero la mirada de éste era más limpia que la de su hermano. Al abrirse la capa se vieron debajo ropajes blancos y una maza colgada del cinto.
-Mi nombre es Tanis, sirviente de la luz. Viajo por Azeroth y sueño con encontrar una cura para la sed. Es un honor para mi hermano y para mí ser aceptados entre vosotros.
-Es un placer encontrar a gente capaz que quiera unirse a nuestras filas, pero podríais haberlo pedido sin más
-Entonces habrían pasado días antes de que pudieramos demostraros nuestra valía. - dijo Sturm tajantemente. No es mi estilo pedir las cosas sin que mi interlocutor sepa lo que puedo ofrecer a cambio.
-Lo que me ha sorprendido es que seas capaz de invocar la luz sagrada. Había oído muy a mi pesar que la luz ya no atendía a mi gente.-dijo Zephiros impresionado
-Su Majestad Kael'thas encontró... otros métodos para dominarla.- dijo Sturm en un tono inquietante
Los hermanos Brightblade acompañaron a Zephiros mientras despedía a su hermano y a sus compañeros y después le siguieron de vuelta a Orgrimmar. En la taberna, como días antes sus compañeros, escucharon los preceptos de la organización y recibieron de buen grado los tabardos con la enseña de la hermandad, pero Sturm dijo:
-No buscaré problemas con la Alianza, pero tampoco voy a pasar por alto un reto o un enfrentamiento. Si me impones que no me cobre la cabeza de mi oponente por mi honor debo aceptar, pero los humanos han hecho mucho daño a nuestra gente y no lo voy a olvidar facilmente.
- Los humanos no siempre han hecho daño a nuestra gente, antaño lucharon en grandes guerras contra orcos poseídos por la legión y protegieron a nuestra gente antes incluso de que los nuestros se unieran a la Alianza.- contestó Zephiros.- Debes aceptar que es por tu juventud que no has vivido otros tiempos en los que hubo héroes humanos cuyos ideales son tambien los míos. Por desgracia todos ellos murieron al empezar la guerra contra el Azote. No es culpa de toda la Alianza la traición de unos politicachos.
-Incluso los orcos tienen más honor que los humanos, siempre van de frente y exhiben abiertamente sus hostilidades a los poco dignos de su confianza.- Dijo Sturm en respuesta.
-Los orcos me han demostrado tener mucho más honor que nuestra gente. Y sin embargo ellos tampoco se libran de complots y traiciones, y los humanos no son perfectos, y mucho menos las personas que les dirigen y hablan en su nombre. No culpes a toda la Alianza de las fechorías de unos pocos.
-Está bien, acepto la lección. Por cierto, hablando de aprender, ¿cómo has conseguido evitar mi consagración durante nuestro duelo?
-Fácil. No albergaba ninguna intención hostil hacia tí. La consagración es un conjuro de proteccion, sólo hace daño a quien intenta atacarte, mientras que protege a todos los seres que estén bajo tu protección como si fueran parte de tí
Sturm se quedó quieto unos instantes, la jarra de cerveza muy cerca de los labios, y luego la dejó sobre la mesa y rió
-Eso explica mucho, la próxima vez no te será tan facil vencerme.
Zephiros se llevó la mano al peto de la coraza y golpeó con los nudillos, haciendo un ruido metálico
-La próxima vez, ponte una de estas y veamos que tal te manejas con ella, y aun así ya veremos. O me pondré yo malla y veremos si puedo moverme tan rápido como tú.
-Así sea. ¡Tabernera, una ronda de pociones de maná, la cerveza ya no es suficiente para quitarme la sed!
Días después Zephiros entraba en fuerte Grommash a tiempo para ver a Thrall reunido con varios no muertos y un gran guerrero orco que portaban todos un tabardo negro con un sol gris plateado dibujado en el pecho. Al paladín le llamó la atención el diseño, y esperó pacientemente en la puerta a que Thrall terminara su audiencia. Pero el gran jefe de guerra se percató de su presencia y le llamó:
-Zephiros, ven aquí. Tengo interés en que conozcas a estas personas. Te presento a un viejo amigo mío.- dijo señalando al fornido orco.- Garush, este es el paladín que te he mencionado antes, un joven elfo con principios y talento para el combate. Zephiros, este es Garush, uno de los héroes de la tercera guerra. Combatió codo con codo junto a los humanos y los elfos para detener a Archimonde y al Azote. Cuando la Alianza empezó a mostrarnos hostilidad de nuevo, desapareció y no había vuelto a saber de él hasta hoy. Por favor cuentale lo que me estabais contando hasta ahora.
Garush se aclaró la garganta.
-Mi lealtad está ahora con el Alba Argenta. Sus fundadores son antiguos miembros de la cruzada escarlata, pero ahora hemos unido fuerzas gente de todas las razas libres de Azeroth. Todos somos iguales ante el Azote, y libramos una dura batalla en las tierras de la peste para contener la plaga y evitar que se extienda. Por suerte la zona está rodeada de muchas barreras naturales, y nosotros controlamos los límites sur y este. El paso thalassiano al norte está bien protegido por la magia de vuestra gente, pero necesitamos propagar nuestro mensaje por todo el planeta para encontrar gente que se nos una. El rey infante Anduin Wrynn de Ventormenta ya nos ha ofrecido apoyo, y he sido enviado para solicitar ayuda de la Horda a Thrall.
-Teneis el apoyo de la Horda. - contestó Thrall.- Enviaré correos a Cima del trueno y hablaré con Vol'jin. Supongo que ya debeis tener a Sylvanas al corriente.
- Así es. También hemos mandado una misiva a Rommath en Lunargenta, tan solo nos falta recibir la bendición de nuestros líderes aquí y en cima del trueno.
-La teneis. Zephiros es hombre de mi confianza, os acompañará y prestará asistencia unos días y despues me informará de todo lo que vea
Zephiros asintió con la cabeza. Garush y sus acompañantes se inclinaron en señal de respeto por Thrall y se retiraron. Zephiros se quedó a solas con él a una señal suya.
- Es una organización neutral que ya goza de posición en los dos bandos. Quiero que les apoyes en todo lo que puedas y te hagas un nombre entre ellos. Si ellos comienzan a hablar bien de los Colmillos de Fenris la gente que les escuche contará con vosotros
- Lo haré, Thrall. Sabeis que podeis contar conmigo
Zephiros y la joven Ryanna viajaron hacia la capital no muerta, Entrañas, a través del Zepelín goblin, y de allí tras hablar con Sylvanas sobre la situación del Alba partieron hacia la zona este de los claros de Tirisfal, donde el Alba Argenta había montado un campamento junto al desfiladero. Este campamento, llamado el Baluarte, era en efecto un bastión de defensa contra los no muertos. Enormes estacas afiladas sobresalían del suelo apuntadas en direccion del desfiladero. Era ciertamente un baluarte, donde unos pocos guerreros bien entrenados podían resistir a un ejército de criaturas como los necrófagos del Azote.
Zephiros vió a Garush, que encantado le presentó al resto de los responsables del alba.
- Bien, no perdamos más tiempo, hay necrófagos que destruir y almas que purificar. Os presento a mi aprendiza, Ryanna. Este es su primer trabajo de campo, así que se quedará por aquí para atender a los heridos.
La joven avanzó unos pasos e hizo una reverencia con nerviosismo.
-Prometo hacerlo lo mejor que pueda.
-Ryanna, en caso de un ataque todavía no estás preparada para luchar a este nivel, si traspasan las defensas quiero que montes en tu caballo y lleves mensaje del ataque a Sylvanas
Los presentes asintieron en señal de aprobación y la joven aceptó sin replicar. Zephiros sonrió y guiñandole un ojo silbó con fuerza. Nanaki vino galopando por la llanura con medio conejo recien cazado en la boca. Zephiros acarició la cabeza del animal, y esperó pacientemente a que se lo comiera antes de montarlo y salir galopando hacia las tierras infectas
Zephiros vio decepcionado como las antiguas villas de Andorhal y Caer Darrow, antaño bellas, y los parajes bucólicos que las rodeaban ahora estaban enfermos, la tierra negra y las plantas secas, y los arroyos ahora destilaban un barro enfermizo en lugar de las limpias aguas que corrían años atrás. No arriesgandose a que su noble compañero comiera o bebiera de aquella podredumbre a pesar de su instinto, volvió galopando al Baluarte y lo dejó al cuidado del Alba. Internandose nuevamente a pie, se abrió paso matando a innumerables necrófagos, arañas y animales infectados, hasta que llegó cerca de Andorhal. En una de las granjas cercanas fue atacado por varios humanos que iban uniformados en rojo y blanco, y que hablaban de él como si fuese un no muerto más. Había oído hablar de ellos en el Baluarte, eran la Cruzada Escarlata, Una orden de sacerdotes y paladines humanos creada con los restos de la Mano de Plata, pero que defendiendo la supremacía humana, había caído en el fanatismo y la paranoia hasta el punto de que si no estabas con ellos, estabas con el Azote. De sus filas habían desertado los fundadores del Alba Argenta, que dispuestos a dar ejemplo de tolerancia, habían reclutado tanto a elfos y enanos como a no muertos, orcos y trolls. Por desgracia, había sido informado de que sus contendientes lucharían hasta su último aliento, y su locura estaba más allá de toda salvación, así que no tuvo piedad, acabó con ellos y les dió sepultura consagrada para evitar que se convirtieran en no muertos. Una vez despejada la zona circundante, se dispuso a descansar y sacó la comida. Pero un ruído a sus espaldas le sobresaltó y le hizo coger su espada. Una joven humana ataviada con una malla deteriorada y parcheada por varios sitios se acercaba mirando en todass las direcciones y esgrimiendo una espada de doble puño. Zephiros guardó sus cosas en la mochila antes de que la joven reparara en su presencia, y se acercó a ella con la espada en la mano. La joven se dispuso para el combate, y tambien Zephiros. El paladín luchó contra ella decidido a llevarla presa al Baluarte, pero pronto se dio cuenta de que no sería tarea fácil. La forma de luchar de la joven no dejaba ninguna apertura por donde atacarla, a pesar de que la vieja cota de malla que portaba se podía romper de un solo golpe bien dado, la chica luchaba con seguridad, y lanzaba ataques certeros mientras se protegía con una defensa férrea. La espada de la joven estaba mellada y vieja, y Zephiros se conformaba con parar los ataques dirigidos a sus puntos vitales, dejando que la armadura detuviera los demás. Se había dado cuenta de que esta iba a ser una batalla de desgaste y estaba decidido a aguantar el combate durante mucho tiempo. Durante minutos enteros los choques de las dos armas resonaron por todo el valle, y lógicamente atrajeron atención no deseada. Cuando Zephiros miró alrededor, los dos estaban rodeados por necrófagos, que se acercaban ahora desde todas las direcciones. Miró a la joven, que torció la cabeza, se echó la espada al hombro y se restregó la nariz con la otra mano, para despues dejar emanar unos pequeños destellos de luz de entre sus dedos. Zephiros lo entendió a la primera, y dandose la vuelta rápidamente cortó en dos a un necrófago que le saltaba encima, y notó a su espalda el encontronazo con la espalda de la joven. Ambos consagraron a la vez la zona, y algunos esqueletos empezaron a desmoronarse. Zephiros expulsó a gran cantidad de no muertos de allí, mientras la joven seguía luchando de una manera cada vez mas encarnizada y calaveras y costillas de esqueletos y necrófagos se iban apilando ante sus pies. Cuando la joven intentó volver a consagrar Zephiros lo sintió, y lanzó una consagracion al tiempo que disolvió al resto de los no muertos que estaban en combate cuerpo a cuerpo con ellos. Los expulsados volvieron, a tiempo para encontrarse a los dos paladines ya libres, que dieron cuenta de ellos en un momento. La joven se llevó la mano al estómago e hincó la rodilla al suelo mientras Zephiros escupía y bajaba la espada. Una figura salió entonces de las sombras mientras el paladín se giraba hacia la joven, que le hizo un gesto de complicidad y asió su espada con la misma fuerza que al principio.
-Excelente, ha llevado tiempo pero al fin estáis exhaustos. ¡Seréis una gran incorporación al ejército de Kel'thuzad!
El liche salió de entre las sombras dispuesto a reclamar sus dos trofeos, pero la joven se incorporó de un salto y cargó contra él invocando un martillo de justicia. El liche, sorprendido, no pudo evitar el ataque sorpresa, y el golpe de una masa de luz que recibió en la cabeza lo dejó aturdido unos instantes, mientras Zephiros lanzaba un choque sagrado contra él. Sin maná, el paladín se llevó la mano izquierda al dije que llevaba al cinto, y sus ojos brillaron con luz verde. Cargó sin pensarselo dos veces contra él y atacó sin descanso hasta cortar los cuatro miembros de carne muerta y dejar al liche tendido en el suelo. Atacó con sadismo al enemigo caído, y literalmente peló su cuerpo hasta encontrar la filacteria, que arrancó de su pecho con la mano izquierda y seguidamente la destruyó entre sus dedos. Soltó una risotada que puso a la joven los pelos de punta, y despues pareció recobrar la compostura. Le hizo señas de que se apartara unos pasos y liberó el exceso de energía arcana en forma de una explosión que levantó la hierba del suelo en dos metros alrededor de él. Cuando sus ojos perdieron el brillo verde, y ya descansado hurgó en la mochila hasta encontrar una poción de maná que bebió con avidez. Ya repuesto del ataque, sacó el pedernal y encendió la hoguera que había preparado casi una hora antes, e invitó a la joven a sentarse junto a él mientras sacaba sus provisiones.
-¿Puedo saber tu nombre, paladina?
-Mi nombre es Aribeth, y no soy paladina. Ugh...
La joven llevaba una herida muy fea. Uno de los necrófagos había conseguido atacarla en un punto débil del amisote de malla, y la herida se estaba infectando rápidamente, ya empezaba a supurar. Zephiros la hizo recostarse en el suelo rápidamente y hurgó en su mochila hasta sacar una cantimplora metálica
-¿Qué es eso? preguntó la joven mientras Zephiros le retiraba el camisote de malla y destapaba la cantimplora.
-Cerveza negra orca, Mucho más fuerte que el bourbon.- dijo Zephiros con aire grave. Tenemos que desinfectarte la herida antes de curar.
Zephiros vertió el ardiente contenido de la cantimplora sobre la herida, de la cual empezaron a salir espumarajos. Aribeth reprimió un grito de dolor
-Sí, lo sé, quema como aliento de dragón.- dijo Zephiros sacando un frasco de agua pura.- Tranquila, ya he terminado de desinfectar.- concluyó vertiendo el agua sobre la herida, que quedó limpia. Zephiros llevó sus manos a la herida y la luz que salió de ellas la borró sin dejar rastro. Aribeth se levantó y sonrió agradecida
-Muchas gracias paladín. Antes me has asustado un momento pero ahora veo que eres un paladín verdadero
-¿Por qué me has dicho que no eras paladina? Antes te he visto consagrar, e incluso invocar un martillo de justicia.
-Aunque no te lo creas he aprendido esas artes por instinto. Tambien sé usar una imposición de
manos
Zephiros se quedó mirando fijamente a la joven con la boca abierta. Aribeth sonrió y le dió un golpecito en el mentón
-¿Has aprendido conjuros de magia divina tú sola?
-He crecido admirando a los de tu clase toda mi vida. Aprendí a usar la espada imitando a los paladines en el campo de entrenamiento, y antes de salir de la abadía leí muchos libros, no sé como pero la luz atiende mis ruegos cuando más la necesito
Zephiros se quedó mirando a la joven. Era muy atractiva, eso seguro, pero si decía la verdad eso era lo de menos. Con semejante talento sin duda estaba hecha de la pasta de la que se hacen las leyendas. La chica le miró incómoda
-¿Ocurre algo, paladín? No he oído tu nombre
-Mi nombre es Zephiros Bloodstorm. Habrá más tiempo para charlar cuando estemos a salvo. Ven a Baluarte conmigo y te arreglaré esa chapuza que llevas para protegerte.
La chica le miró enojada.
-RESULTA que me arreglo el equipo como mejor puedo con los materiales que tengo a mi alcance. Tampoco es que tenga mucho dinero para gastar en un herrero todas las veces que necesito reparar mi equipo.
Zephiros se llevó dos dedos a la boca y emitió un fuerte silbido
-Estás de suerte. He aprendido herreria élfica y orca. Como poco hacen una combinación... interesante. Yo te repararé ese equipo
- La verdad es que pensaba arreglarme este otro, parece nuevo.- dijo sacando un camisote de malla femenino, de la cruzada escarlata, algo manchado de sangre
-Yo te lo arreglaré entonces, pero será mejor que borremos ese emblema, no vaya a traerte problemas. prefieres algún otro?
-Lo taparé con el emblema de mi organización, el Puño de Hierro.
El lobo llegó galopando con la lengua afuera a través de la explanada. Zephiros le acarició la cabeza y tomando la mano de la joven se la mostró al noble animal, que la olisqueó con interés.
-¿No sabeis invocar a un corcel de la luz? - le dijo la joven
-Claro que sé, pero desde que tengo a Nanaki rara vez lo convoco. Es muy especial, me ha salvado la vida varias veces y me protege cuando duermo, mientras que un corcel invocado normalmente obedece las ordenes mentales de su jinete sin pensar. Esta vez lo voy a invocar.
Zephiros susurró unas palabras para sí mismo y una luz apareció entre sus piernas y lo levantó del suelo para despues expandirse y tomar la forma de un corcel con atavíos rojos y placas doradas.
-Monta en Nanaki, te llevará conmigo. Si lo deseas te enseñaré los fundamentos de la convocación y algún otro conjuro que te será útil aquí
Los dos paladines llegaron al Baluarte, donde Zephiros reparó y reforzó el camisote. La joven Aribeth pasó la noche allí, y a las primeras luces del alba se ciñó la nueva cota de malla y la mochila y echó a andar por el desfiladero. Justo antes de internarse en las tierras de la peste reparó en una sombra que le esperaba apoyada junto a la empalizada, con los brazos cruzados y un pie reposando en el madero.
- Anoche trajeron tu caballo del campamento del Orvallo, uno de los miembros del Alba tenía que pasarse por allí y les mandé un mensaje. Lo tienes atado junto a los demás en el establo que hay al norte del campamento.
Zephiros se acercó a la joven y le murmuró unas palabras al oído. Aribeth repitió el rezo y se vió levantada del suelo para aterrizar sobre un corcel blanco, con placas plateadas y atavíos azules. La muchacha se quedó sorprendida de ver su magnífica montura sacra.
-Posees un gran talento para poner al servicio de la luz. Si nunca te desvías de tu camino algún día serás leyenda en todo Azeroth
-Gracias, pero mi camino es mi camino y lo debo seguir sola. Es irónico que el primer paladín que encuentro dispuesto a enseñarme los caminos de la luz sea un enemigo declarado de mi gente, hasta ahora me habían hecho de menos solo por ser mujer.
-Si tal cosa me importara no tendría una aprendiza. Ah, y solo soy enemigo jurado del Azote y de la Legión Ardiente, harás bien en recordarlo, y tampoco harías mal en hacer tú lo mismo.- dijo mientras la mujer arreaba al caballo para que iniciara la marcha. -Por cierto, dale recuerdos míos a Khurgan.- Aribeth asintió con la cabeza y salió galopando hacia el amanecer.
Dos meses despues, Zephiros y Ryanna regresaban con cansancio de las tierras de la plaga. Por fín la joven había alcanzado la suficiente destreza con la espada a los ojos del paladín, y le había ofrecido que le acompañara en la limpieza de necrófagos de Andorhal. La muchacha volvía completamente agotada, pero con una sonrisa imborrable, pues esa tarde había abatido sola y sin ayuda a una abominación, hecha de varios cadáveres cosidos entre sí para formar un enorme cuerpo y animada por artes oscuras; y había recibido los elogios de su maestro por ello. Al llegar al Baluarte y bajarse de sus respectivas monturas, fueron recibidos por el oficial Garush.
-¿Qué ocurre, Garush? Venimos algo cansados, si no te importa preferiría hablar durante la cena
-Ha llegado misiva desde Orgrimmar. Thrall ha convocado a todos los colmillos de Fenris para una reunión urgente mañana a primera hora. He hablado con los goblins de la torre de Zepelines, el último vuelo te está esperando listo para llevarte a Durotar. Me he permitido pedirle al cocinero que os prepare algo para llevar, aquí teneis. Marchad. Zephiros se subió a su lobo y Ryanna a su caballo y salieron al galope.
A la mañana siguiente Zephiros y Ryanna llegaban a Orgrimmar ataviados con capas de viaje y con la mirada gacha, el paladín quería llegar lo antes posible a fuerte grommash sin que le pararan continuamente por las calles para darle palmadas en la espalda, así que la capucha les cubría en parte la cara como dos recién llegados elfos más. El cansancio del viaje les hacía andar sin prisa, y encontraron gentío reunido en torno a unos viajeros que llevaban el mismo camino que ellos. Zephiros reconoció a su Hariador, Melon y Dante, iba a saludarlos pero los susurros de la gente a su alrededor le llamaron la atención y decidió escucharlos divertido.
-¿Has visto? el mago elfo es el hermano pequeño de Zephiros Bloodstorm. Se dice que él y sus compañeros de viaje limpiaron de arpías el camino a Cerrotajo en un solo día, y no llevaban ni una semana en Orgrimmar cuando Thrall en persona les invitó a los Colmillos de Fenris
-Te diré, tampoco me extraña tanto.... Si su hermano mayor es el jefe de los Colmillos...
-Te juro que no han sido enchufados en absoluto. He oído que acaban de llegar de Tanaris donde han arreglado de un plumazo casi todos los problemas de los goblins de Gadgetzan. Incluso se han metido en Zul'Farrak y han vuelto, sabiendo como se las gastan los Furiarena. Los cazarrecompensas locales casi no tienen nada que hacer, cuando llegan ellos hacen todos los encargos disponibles, reparten parte de las recompensas entre los necesitados y se marchan
Zephiros sonrió lleno de orgullo por su hermano. Se internó entre la multitud y alcanzó a su hermano y saludó a sus compañeros, seguido de Ryanna.
-Orgrimmar entera habla de tí, estoy orgulloso de tenerte como hermano. Melon, Dante, lo mismo va por vosotros dos.
-Ya será menos, Zeph. -repuso Hariador.- Solo estamos haciendo lo que nos dijiste.
-Es cierto, jefe, además vayamos donde vayamos parece que te conocen.- dijo Melon
-Doy fe de ello.- dijo Dante al ver la cara de sorpresa de Zephiros.- Vamos a Trinquete, y cuando Hari se presenta nos dan recuerdos para tí. Pasamos por Gadgetzan y había allí un guerero Tauren que nos contó batallitas de como acabasteis solos con una treintena de centauros que pretendían atacar una caravana de campesinos camino de Cima del Trueno.
El grupo llegó a fuerte Grommash, el edificio donde Thrall ejercía su liderazgo, llamado así en honor a Grom Hellscream, el hermano de sangre de Thrall, caído en la batalla que ambos libraron contra el señor del foso Mannoroth, donde obtuvieron la cabeza de este y liberaron a los orcos que habían caído bajo el poder de su sangre demoníaca gracias al sacrificio de Grommash Hellscream
Era la primera vez que todos los Colmillos de Fenris estaban juntos en una misma sala. Thrall estaba muy ufano, personalmente repartió entre todos los asistentes la nueva enseña de la hermandad, un tabardo que colocar sobre las armaduras, en un bonito color azul ribeteado en rojo y con el bordado de un lobo rojo. Estaba claro que no había escatimado en gastos.
-Este será vuestro símbolo de ahora en adelante. De todo Kalimdor y parte de los Reinos del Este hemos recibido noticias vuestras, espero que sigais así y que la gente asocie este símbolo con vosotros y que aprenda a confiar en vosotros solo con veros.
Durante la reunión se trataron asuntos de la hermandad, fondos, y qué hacer con ellos. cada uno de los miembros en orden pasó a relatar las acciones llevadas a cabo, las aventuras vividas. La luna estaba alta en el cielo cuando decidieron dar la reunión por terminada.
Un emisario del Alba Argenta llegó a las puertas de Orgrimmar al amanecer. Zephiros se había levantado muy temprano para dar clases de espada a su aprendiza, y estaban luchando no lejos de allí. Era un joven humano que trataba de recibir audiencia con Thrall, pero los guardias al verle la cara respondieron de manera hostil, diciendole que diera media vuelta y corriera como alma que lleva el diablo o le matarían solo para saber si su sangre era del mismo color que la orca. Zephiros acudió atraído por el jaleo, y cuando el guardia desenvainaba la espalda gritó
-¡¡¡ALTO!!!!!
El bruto se paró en seco, cuando la voz del paladín resonó por todo el valle de Durotar. Zephiros llegó corriendo y se puso al lado del mensajero
-El humano está conmigo.
-O..oye que yo no te conozco de nada.-intentó responder el muchacho
-Eres del Alba Argenta, ¿no? ¡Pues a callar! El mensajero viene conmigo y Thrall lo recibirá. Puede ser importante.- dijo Zephiros con autoridad
Los guardias inclinaron la cabeza con respeto
-Claro, si un Colmillo de Fenris lo dice, puede pasar
-Ven conmigo muchacho... y no repliques.- le dijo Zephiros al oído
El mensajero siguió temeroso al paladín a traves de las calles de Orgrimmar hasta la sala de Thrall
Thrall dejó lo que estaba haciendo e inmediatamente atendió la misiva que portaba. Mientras la leía puso cara de preocupación.
-Esto es grave... muy grave. Zephiros, reúne a los Colmillos de Fenris y traelos aquí con presteza.
Zephiros salió de la sala corriendo. Tan solo media hora después los Colmillos de Fenris al completo estaban reunidos en la sala. Thrall habló.
-Bien, lo primero de todo es una suerte que todos estuvierais hoy en Orgrimmar. Iré al grano, este joven me trae una misiva del Alba Argenta, es una organización parecida a vosotros que reune a voluntarios de todas las razas de Azeroth para luchar contra el Azote y la Legión. Ha venido desde Nethergarde, en las tierras devastadas por orden de sus superiores para solicitar vuestra ayuda y toda la que podamos mandar. Los demonios que han cruzado el portal oscuro y han estado durante años pululando por la Escara Impía se han organizado para atacar Nethergarde y lleva ya tres días sitiada. Los Colmillos de Fenris deben partir inmediatamente con todas sus armas dispuestos para la batalla. He mandado mensaje al maestro de Zepelines, ha preparado una pasarela de desembarque y os dejará en el mismo Nethergarde. La ayuda que prestareis a la Alianza no debe ser olvidada, y tened presente que si Nethergarde cae después irán a por Rocal. Partid ya, mis bravos Colmillos.
Todos a una salieron hacia la torre de Zepelines. Allí vieron preparado uno un poco más grande de los que estaban acostumbrados. Zephiros habló con el jefe de la torre y una vez estuvieron a bordo el Zepelín salió. El capitán parecía feliz, saltaba aquí y allá dando ordenes a los otros goblins
-¡Vamos muchachos, el nuevo motor de alcohol debe estar ya a punto! ¡Metedle caña, quiero ver lo que puede hacer este trasto! ¡Pasajeros, agarraos a algo ya!
Algo les dijo a los pasajeros que no era aconsejable desobedecer a un goblin estando dentro de uno de sus inventos. Cuando todos se hubieron agarrado, el capitán bajó una palanca y se oyó una explosión en la parte trasera de la quilla, cuando volvieron la vista hacia allí vieron un chorro de llamas y una estela de humo, y la potencia del arrastre hizo que la quilla se levantara por el morro. El zepelín iba tan rápido que el aire les silbaba en los oídos, cruzaron el mar en apenas un par de minutos, y cuando el capitan apagó el motor y el Zepelín aminoró ya estaban llegando hacia las tierrras devastadas. En tierra divisaban infernales, manáfagos, guardias viles, todos apiñados alrededor de la fortaleza. El zepelín descendió sobre una torre baja y la parte inferior de la quilla se abrió. Los Colmillos de Fenris descendieron preparados para la batalla. Zephiros no perdió el tiempo en dar las ordenes oportunas, mientras el mensajero del alba les precedía corriendo para hablar con sus superiores.
-Magos, brujos y cazadores subid a la muralla y abrid fuego tan pronto como podais, Chamanes y druídas, subid a las torres y conjurad a los espíritus de la naturaleza a ver si podeis convocar una tormenta. Paladines y Guerreros Al patio principal conmigo. Quiero que los sacerdotes os ocupeis de atender a los heridos.
Sobre la muralla Arqueros y conjuradores protegían la puerta, guerreros y paladines esperaban detrás lanzando bendiciones y echando mano de pociones y pergaminos y todo lo que tenian a su alcance.
-¡Animo valientes, Nethergarde no caerá hoy bajo estos demonios! -dijo una voz conocida. Aribeth estaba allí caminando entre las tropas, ataviada con una brillante armadura plateada y luciendo el tabardo del Puño de Hierro. Aquí y allí veía combatientes y conjuradores con el mismo tabardo, y en primera fila escrutando la puerta estaba Khurgan, murmurando que podrían abrirla de primeras y así no haría falta repararla luego. Zephiros se puso a dar las órdenes oportunas para aprovechar al máximo la situación.
-Tranquilo Jefe, cubriendo nosotros la puerta no caerá tan fácilmente!- dijo Melon con alegría desde una almena mientras cogía un carcaj. Khurgan no aguantó la impaciencia y se puso a trepar hacia las almenas
-¡Cuidado allá abajo!- gritó Hariador señalando la cara exterior de la muralla. Dos demonios se habían apañado para trepar la muralla y asomaban la cabeza por entre las almenas. Nada más apoyar los pies sobre la muralla dos manos asieron a los demonios por los tobillos y con un fuerte tirón y un movimiento de giro fueron lanzados sobre otros tres que intentaban trepar tambien.
-Jojojo, ¿Qué tenemos aquí? ¿Os parece bonito empezar la fiesta sin mí?
-¡Khurgan, enano maloliente, te daré una paliza cuando esto termine! gritó Hariador con una sonrisa volviendose hacia el enano
- Blablablah, Hablas mucho y actuas poco pequeño elfo gay
-¿Eso de ahí abajo te parece poco?- dijo, señalando la llanura, donde había por todas partes demonios calcinados o ensartados por picas de hielo que salían del suelo.
Hariador no prestó atención a una sombra que se le acercaba volando a toda velocidad. Una súcubo cargaba en vuelo hacia él. Zephiros intentó avisar a su hermano
-¡¡¡Hari!!!
El mago se agachó ligeramente al oír la voz de alerta, las garras de la súcubo pasaron a escasos centímetros de su cabeza, pero ella sacó la rodilla y consiguió acertarle en la cara, derribandole hacia el suelo. Quince metros de caída y Hariador se precipitaba de cabeza. Su hermano y sus amigos le llamaban a voz en cuello, pero no había nada que se pudiera hacer por él ya, se precipitaba a una muerte segura. El mago reaccionó, sacó una pluma de una manga y conjuró rápidamente
-¡Caída de pluma!- gritó, y casi se detuvo en el aire para caer lentamente hacia el suelo, y dandose la vuelta aterrizó suavemente sobre sus pies. La Súcubo le miró con furia y se lanzó en picado hacia él con las garras a punto para ensartarle
-¡No.. te... metas.. con mis... amigos... putita! -gritó Melon con los ojos encendidos de furia al tiempo que seis flechas salían de su arco y daban en el cuerpo de la súcubo, que hecha un alfiletero cayó al lado del mago.
Hariador se volvió hacia sus amigos y extendió el pulgar con el puño cerrado.
-¡Gracias Melon te debo una! ¡Y a tí otra por prestarme las plumas, Dante!
La batalla parecía a punto de terminar. La tormenta que con tanto esfuerzo habían convocado Wolvar y los demás desde las torres estaba empezando a dar sus frutos, y rayos caídos del cielo estaban dejando montones de ceniza donde antes había demonios. Pero aún faltaba lo peor, los demonios de la retaguardia empezaron a conjurar y el cielo se oscureció aún más. Meteoritos envueltos en llamas verdes cayeron desde el cielo y dispersaron las nubes de tormenta. Tan solo uno acertó dentro de Nethergarde, en pleno patio de armas, y los guereros y paladines consiguieron esquivar el impacto. Pero de cada cráter salió un infernal, un ser construído de roca e imbuído de las llamas del infierno. Más de veinte paladines que había en el patio de armas, contando a los Colmillos, al Puño, al Alba y al ejército de Nethergarde, no tuvieron problemas en acabar rápidamente con el que había caído entre ellos, pues recibió veinte o más exorcismos y se desmoronó al suelo convertido en rocas normales nada mas alzarse. Pero el problema eran los mas de treinta que estaban ahora apiñados ante la puerta, y a punto de derribarla.
Hariador se volvió a las almenas
-¡Huesos! ¡Baja aquí deprisa!
Dante usó tambien caída de pluma mientras Hariador evocaba sujetando el cristal ardiente que portaba. Aterrizó junto al mago, cuyas pupilas brillaban con bastante intensidad como para alumbrar una habitación cerrada.
-¿Recuerdas aquello que probamos en Tanaris como ultimo recurso? ¡Pues ha llegado la hora de usarlo!- dijo Hariador mientras corrían a la vanguardia del ataque y hacían señas a los combatientes que esperaran a que ellos hicieran su movimiento
-Recuerda que nos quedamos agotados despues.- recalcó Dante
-Lo sé, pero si sale bien será definitivo.- dijo Hariador con conviccion
Los dos magos condensaron todo su maná en las palmas de sus manos, mientras todos los paladines preparaban sendos exorcismos, todos excepto una que aferraba su espada con todas sus fuerzas, y cuando por fin los portones estallaron por los golpes de los infernales, ambos magos como uno solo dirigieron las palmas hacia delante, envueltas en maná glacial, exclamando al unísono:
-¡Tormenta invernal!
De sus manos salió un cono de aire helado que congeló los restos de las puertas, los extremos de la muralla y a todos los infernales que se afanaban por entrar.
Melón cogió un carcaj que tenía apartado, y sonrió a los dos magos con el pulgar levantado
-¡Buen trabajo chicos, hora de que emplee mis flechas con punta de plomo! -dijo, y tensando mucho el arco, empezó a desintegrar una a una las estatuas de hielo que se extendían por toda la llanura
-Dales fuerte Melon...- dijo Hariador con una sonrisa mientras ponía los ojos en blanco y se desplomaba hacia atrás, y Dante caía de rodillas al lado suyo.
Melón seguía derribando blancos uno a uno con lentitud, y gritó a los de abajo:
-¡Jefe, la congelación solo dura un par de minutos, y hay que derribar a los conjuradores antes de que traigan mas infernales!
Antes de terminar la frase una figura corría sobre la muralla en direccion a la puerta, y esgrimiendo una enorme hacha saltaba sobre las figuras de hielo, reventando un par antes de caer al suelo. Zephiros no se lo pensó dos veces al oír el consejo del cazador
-¡CARGAD!
Los combatientes que estaban reunidos ante la puerta salieron en estampida derribando todo a su paso, y en poco más de un minuto las tierras devastadas estaban cubiertas de pedacitos de hielo. Zephiros volvió a la fortaleza y examinó a los dos magos. Habían transformado parte de su fuerza vital en maná para ese conjuro, y estaban muy debilitados. El paladín no sabía que tal cosa fuera posible, excepto para los brujos, y conjuró luz sagrada sobre ellos para devolverles la vitalidad. Sacó agua de su mochila y se la dió para que bebieran, mientras Melon llegaba andando con las manos tras la nuca y se sentaba a su lado.
-Buen trabajo, mis Colmillos, Esos demonios no volverán a molestar Nethergarde gracias a vosotros.
Los tres se miraron con cara de complicidad. Aquí y allí había gente celebrando la victoria, cada uno a su manera.
-Pues la verdad es que no queda mucho por hacer, no?-dijo Melon
-Ha sido divertido matar demonios.- dijo Dante
Hariador miró a sus dos compañeros, y dijo con una sonrisa pícara en la boca:
-¿Qué habrá tras ese portal oscuro?
Zephiros no andaba muy lejos y les oyó confabular
-Ni se os ocurra cruzar ese portal. Os lo prohibo por el momento, aún queda mucho que hacer en Azeroth. Si tantas ganas teneis de seguir matando demonios podeis explorar los valles al oeste del portal. Los informes dicen que los demonios se han estado concentrando allí antes de preparar el ataque, podeis aseguraros de que no queda ninguno.
-Y por asegurarnos te refieres a que limpiemos la zona de los que puedan quedar, ¿no, hermanito?- dijo Hariador. -Bien, empezaremos por allí, pero que no te sirva de precedente prohibirme cosas
-Argh Hari de verdad que hay veces que no puedo contigo. Mira, ahora lo están sellando otra vez, dame un par de años para preparar equipo y medios, y haceos mas poderosos, y prepararemos una incursión para averigüar que fue de Khadgar y sus hombres. Eso deberia bastarte, ¿no crees?
-Lo que tu digas hermanito, pero solo te estaba tomando el pelo. Aunque sospecho que esa incursion ya se te pasaba por la mente, cuenta conmigo.
-¡Y conmigo! - dijo Melon
-Hmm, más poderosos, esa idea me gusta.-dijo Dante. - Hari, ¿Qué te parece si tu y yo dedicamos unos meses a estudiar los manuscritos antiguos de Lordaeron? Sylvanas los recogió cuando fue fundada Entrañas y no creo que nos los niegue ahora mismo. Podemos empezar por ahi e ir investigando el material del Kirin Tor que hay esparcido por las ciudades que controla la horda
-Huesos, esa es la mejor idea que has tenido en bastante tiempo, y no será porque te falten ideas, voy contigo.
-Eeeeh ¿Y yo qué? -dijo Melon.- Si vais a estar estudiando aburrireis a las piedras. Me parece que pasaré unos dias en Cuna del Invierno, aire puro, naturaleza difícil, creo que entrenaré bien allí.
-Hecho, nos vemos en dos meses y ya veremos como va todo
Zephiros reflexionó en silencio. Era verdad que siempre habia querido ir tras la pista de los hijos de Lothar, aquellos cuyas estatuas se encontraban en la entrada de Ventormenta. Khadgar, el archimago del Kirin Tor, el general Turalyon, antiguo comandante de la Mano de Plata, y sus hombres, héroes abnegados que se aventuraron en el portal oscuro para sellarlo desde el interior. Pero eso siempre había sido un sueño que creía irrealizable, y ahora que había expresado esas ideas en voz alta, algo le había quedado claro: para sobrevivir en aquel entorno hostil todos ellos necesitaban más poder, habría nuevos reclutas, se buscarían nuevas armas, y habría duro entrenamiento para todos.
Ryanna se reunió con ellos, estaba exhausta. Venía de curar a gran parte de los heridos de la batalla, que ahora la miraban con ojitos tiernos. Algunos de los soldados, eufóricos, la habían manteado gritando hurras sobre ella. Zephiros se volvió a ella.
-Me llenas de orgullo como maestro, y ha llegado el momento de que te libere de mi tutela. Desde hoy te considero mi igual como sierva de la luz, aunque te aconsejo que practiques más tu destreza con la espada.
-Gracias, Zeph, volveré a Lunargenta y permaneceré allí como protectora de la ciudad en nombre de los Colmillos de Fenris.- dijo Ryanna inclinandose, y se retiró con la mano en el pecho. Hariador y sus compañeros rieron.
-¿Siempre es tan formal, hermanito? Te has debido aburrir mucho con ella, y yo que pensaba que había feeling....-Bromeó Hariador
-Joo Hari, te has quedado sin cuñada.- dijo Melon dandole un codazo
Zephiros puso los ojos en blanco y se retiró. No tenía ganas de aguantar burlas sobre sentimientos, además ya se había fijado en otra mujer, una con la que había cruzado espadas.
Un mes más tarde, en Orgrimmar, Zephiros empezaba a impacientarse, no había tenido noticias ni de su hermano, ahora segundo de la hermandad, ni de sus otros oficiales. Habló con Thrall para pedirle tambien una licencia, pues había encontrado su destino: si podía sobrevivir al infierno que yacía bajo Rocanegra, si podía endurecer su cuerpo luchando en el núcleo de Magma, estaría preparado para cualquier desafío, y no podía ser menos que sus hombres. Dejando información detallada de sus planes en las manos del Jefe de guerra, partió y durante los proximos meses no vería la luz del sol.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)